La vida se ha vuelto diferente

 ¡Hola mundo!

Aquí estoy de nuevo. Tal cual como el título de este post es como me siento al día de hoy, la vida se ha vuelto diferente, el 2023 se tornó en un año complicado, después de aquél 2020 con pandemia y la muerte de mi hermano (NO a causa de la pandemia). Hoy no voy a hablar sobre cosas a mi alrededor voy a hablar un poco sobre mi a manera de diario personal y quizás haya alguien por ahí que también se sienta identificado con mis palabras y sentimientos, no estás solo, hay muchos como yo con nudos mentales aun por resolver.



Este año en particular me ha venido complicado y he tenido que enfrentarme a sentimientos que antes no había experimentado, aunque no lo parezca y por las personas que me conocen, soy esa clase de individuo que puedes verlo sonreír, bromear, hablar mucho o hablar casi nada pero que nunca notarás si está triste, si tiene una crisis de ansiedad o si solo quiere sentarse y ver la vida y a todo el mundo pasar frente a él. 

A finales del año pasado regresé a mi antiguo trabajo el cual dejé por falta de crecimiento personal y profesional, ya no me sentía cómoda con él y conmigo misma, me sentía estancada en un pozo sin salida, no me veía haciendo cosas nuevas, con retos, ni con aspiraciones, simplemente quería salir de ahí. Luego de darme cuenta que fui victima de mobbing laboral por casi 2 años y que nadie hizo nada, ni yo misma hice algo por detenerlo (aun estoy sanando esa parte de mi que no hizo nada por ella misma en ese momento); todo eso me hizo mucho daño interiormente, mi cabeza se volvió un enredo de sentimientos encontrados que no pude resolver mas que huyendo del centro de todo esto. Aun así regresé e intenté trabajar esa parte pero creo que no fue la mejor decisión, por lo que decidí nuevamente irme de ese lugar, al instante supe que realmente no era lo que quería para mí en ese momento y aunque la segunda despedida fue más complicada que la primera, a inicios de este año logré soltarlo definitivamente, aunque ahora llevándome a muchas personas en mi vida y en mi corazón, eso hizo más llevadero mi nudo mental.

Apenas unos meses después de estar en el proceso de soltar, me viene la sorpresa de que el estado de salud de mi mamá mermó a tal magnitud que nos movió tanto el piso a mi papá y a mi pues somos los únicos que estamos como los 3 mosqueteros y aunque a veces no nos queramos ni ver nos tenemos que aguantar (jaja). No supimos cómo sucedió pero de un momento a otro tuvimos que llevarla a emergencias y vivir los peores días de nuestra vida llenos de angustia, incertidumbre, dolor, cansancio, hambre, soledad, sí, porque nos sentimos muy solos, con poca ayuda a nuestro alrededor, el miedo nos invadió a todos de manera descomunal y hasta el día de hoy seguimos en la lucha pero con más claridad.

Hemos tenido muchas pérdidas materiales y humanas, miembros de la familia que han fallecido, amigos cercanos, conocidos y todos nos han movido y conmovido mucho, quizás por el proceso de duelo que nos tocó vivir a nosotros. Desde niña la empatía ha sido uno de los valores que he aprendido en casa a manera de ejemplo y es algo que llevo siempre conmigo. Sé que este año a pesar de que esperaba celebrar mi cumpleaños en el mes de diciembre a lo grande con un gran festejo como es costumbre en mi familia ahora no será posible (por si gustan enviar regalo hay mesa en amazon jaja), no tengo un empleo fijo que me ayude a sustentar ese gasto y los ahorros se han ido desvaneciendo poco a poco en necesidades de casa para que mis papás que se encuentran en su etapa de adulto mayor tengan una mejor calidad de vida y un hogar seguro, no me quejo pues ha sido la mejor inversión que he hecho en toda mi vida, no en mis compras innecesarias y viajes que me hacían muy feliz, hoy lo comparto con ellos y me pone mucho más feliz verlos contentos a ellos en su casita de manera más cómoda.

La vida se volvió diferente en muchos aspectos y todavía nos queda un largo camino, tenemos miedo pero sabemos que estando unidos y con el angelote que tenemos cuidándonos todo saldrá bien. Por mi parte estoy consciente que en algún momento será el tiempo de alguien más y que si es la voluntad de Dios la aceptaré y enfrentaré como lo he hecho hasta el día de hoy, solo quiero decir que disfrutes lo que tienes; la familia que tienes así sea grande o pequeña, si tienes trabajo, si no lo tienes también disfruta el tiempo de libertad, todos los momentos cuentan, todas las personas que están ahí son importantes las que no por algo no lo están y así debía ser, sé raro o diferente y disfrútalo, sé tú mismo, ámate tal y como eres, no juzgues a las personas ni los trates mal, sé más empático, piensa más en tu entorno, no hables nada más por hablar si lo que vas a decir daña a alguien mejor no abras la boca,  vive y deja vivir pero también convive, conoce y disfruta.

Gracias por leer.
Hasta la próxima.





Carta a mi hermano...

 ¡Hola Mundo!

Este post será un poco diferente, justo hoy 12 de Abril es el tercer aniversario luctuoso de mi hermano y hace un tiempo escribí una carta póstuma para él, al principio pensé en guardarla solo para mí pero hoy me gustaría compartirla con ustedes.



¡Hola tú!

Sé que no soy el hermanito que deseabas, a los seis años te dieron la noticia de que por fin tendrías un hermanito, te pusiste feliz porque lo ansiabas demasiado, querías jugar con él y compartir cosas de chicos todo el tiempo, pero ¡oh sorpresa!, nací yo y no era niño y mucho menos lo que esperabas, fui niña con gustos y una personalidad completamente distinta a la tuya y a lo que hubieras deseado, terca, un tanto obstinada, explosiva, con ideas y pensamientos fuera de lo común, independiente, imaginaria y siempre metida en su mundo. No pudimos jugar juntos cuando éramos niños porque no compartíamos mucho, pero aún así yo robaba tus juguetes y jugaba con ellos, tú cortabas el cabello a mis muñecas y me hacías enojar siempre, me usabas de conejillo de indias cuando reparabas aparatos electrónicos y me daban descargas eléctricas, a ti te causaba gracia y a mí no mucho, pero aún así confiaba en ti siempre que me decías "toca esto" porque de alguna manera sabía que mi hermano mayor estaría ahí para cuidarme si algo me sucedía.

Cuando nos emparejamos un poco la edad comenzamos a compartir un poco más, aunque mi forma de pensar te chocaba lo sé, pensabas que mi optimismo era demasiado bueno para ser real y siempre lo cuestionabas. Y no, no me sentía tan perfecta como lo creías, me sentía la persona más insegura y llena de miedos para afrontar la vida de adulto, no sabes cuánto luchaba conmigo misma para no tenerle miedo a todo, a mis talentos y a mi potencial, jamás me sentí lo suficientemente buena para algo. Saber que tenía a mi hermano mayor me daba seguridad, verte haciendo lo que amabas, lo que fueron siempre tus más grandes pasiones en la vida a mí me llenaban de inspiración y tal vez nunca te lo dije, pero cada que pisabas un escenario para mí eras el mejor músico del mundo, el perfeccionista, el regañón y el enojón. Me llenaba de orgullo decir "el baterista del grupo es mi hermano".

Hubo muchas cosas que no nos dijimos con palabras y está bien, no me quedo con eso porque así crecimos, es lo que aprendimos y nos expresábamos mejor escribiendo que diciéndolo frente a frente. 

Sé que hubo una etapa de tu vida en la que necesitaste ayuda y la manera en la que intenté hacerlo solo me alejó de ti porque no lo sentías así, por ser tan clara y directa pensaste que era agresión en lugar de ayuda, pero aún así siempre estaba ahí contigo, sufrí contigo tu enfermedad, tu depresión y me superó la situación, tampoco supe qué más hacer a parte de permanecer solo ahí. El día que ibas camino hacia el hospital, esa última mañana que pude verte, bromear contigo y molestarte durante el trayecto y la espera para entrar a quirófano, agradezco que le hayas pedido a nuestros papás que yo te acompañara como "el adulto responsable" eso me hizo saber que confiabas plenamente en mí, como yo en ti, me asustaba tener que ser la responsable, desde ese momento tuve que dejar de ser un adulto chiquito y tomar las riendas del puesto que estaba pensando dejarme, me hiciste crecer sin querer hacerlo, madurar sin sentirme segura, pero confiaste en mí y eso hoy me ha hecho agradecer que me hayas puesto en este tiempo y este momento.

De la familia fui el doliente a quién menos pusieron atención y quien también necesitó mucho de los demás, pero sabías mi poder de resiliencia absoluta y me ayudaste a entender muchas cosas, a sacarme del hoyo yo misma y a poder realizar mi proceso y soltarte.

Gracias por haberme elegido como tu hermana, aunque no haya sido la que tú querías, yo sí te elegí como el hermano mayor que esperaba tener en mi vida. Algún día llegará el tiempo en el que nos volvamos a encontrar. 💙



Gracias por leerme.



Lo que aprendí de la muerte...

 ¡Hola Mundo!

Estoy pensando que la edad me está haciendo escribir cosas con mayor profundidad y lo digo con un toque de humor, porque mi percepción de la vida es ahora muy distinta, al igual que la del tema del post del día de hoy; me siento muy segura de mí misma para poder hacerlo en este momento de mi vida.



¿Qué es la muerte? No es más que el fin de la vida, tal cual, sin más letras eso es. Es una paradoja real. Después del trauma de la pérdida inicial donde el inconsciente se protege y se paraliza, vienen las enseñanzas. Hay que buscarlas para así continuar viviendo con calidad.

Durante nuestra vida nos enfrentamos a diversas situaciones, muy a parte de lo que sabemos que está dentro de la naturaleza y lo que es el ciclo de vida del ser humano: nacer, crecer, reproducirse y morir, son las etapas a las que de cierta manera estamos destinados y preparados para afrontar; sin embargo, hay una a la que muchos le tenemos miedo o cierto grado de "precaución" y es a morir, lo vemos con temor y hasta con cierto terror, aunque es algo de lo más normal pareciera que no estamos preparados para ello.

Yo crecí la mayor parte de mi vida con la familia de mi mamá y me ha tocado vivir la muerte de varios miembros de ella así como de una de mis mejores amigas y recientemente la de mi hermano; pensé que las primeras pérdidas las había afrontado de la mejor manera y que entendí parte de lo que es la muerte y el hecho de que todos tenemos en nuestro reloj de vida un tiempo y una hora marcados para esto, pero al enfrentarme a la muerte de mi hermano me di cuenta que no, no estaba realmente preparada, fue y ha sido uno de los duelos más duros y difíciles de afrontar, hoy lo estoy contando porque sé que logré sobre llevar mi duelo con las herramientas y las personas que tuve a mi alrededor, de la mejor manera posible y de una forma muy individual y personal. Mi vida parecía un torbellino que no tenía principio ni final, pasé por todas las etapas: la negación, ira, negociación, depresión hasta llegar a la aceptación. Mi duelo fue muy distinto al que vivieron mis padres (o que aun están viviendo), para quienes estoy segura que ha sido mucho más complicado pero que hoy en día lo han podido trabajar gracias a terapias tanatológicas y resiliencia propia.

Recuerdo cuando falleció mi amiga Liz, mis días siguientes a su funeral fueron como un sueño, iba y venía por la vida como un un zombie, nuestra amistad y cercanía nos llevó casi a convertirnos en una misma, fui su confidente y hermana, creo saber muchas más cosas sobre ella que no cualquier persona sabe, muchas cosas nos quedaron pendientes por compartir y en ese momento no supe qué hacer o cómo seguir viviendo. Desde que me contó que padecía cáncer hasta el día en que me pidieron que fuera a verla al hospital un par de días antes de que falleciera. Ese fue mi primer duelo complicado, para mí la muerte era solamente de las personas mayores, no de alguien de mi edad, en ese entonces 27 años. En este proceso de duelo descubrí que podía expresar mis sentimientos a través de un diario que fui escribiendo para Liz, un cuaderno que se convirtió en mi mejor compañero de vida, pues a través de las letras pude entender y superar lo que sucedió, no me di cuenta de lo bien que me hizo todo esto hasta tiempo después, quizás fue en el momento en que superé ese duelo.

Con mi hermano ha sido completamente distinto, pues de cierta manera no vimos venir su muerte, en mi mundo de fantasía nos imaginé siendo viejitos compartiendo y hasta viviendo juntos, es por ello que nos tomó completamente por sorpresa y quizás que a él también; aunque de cierta manera creo que lo llegó sentir o por lo menos intuir, siempre nos decía que "él se iba a ir", solo que no dijo que sería tan pronto. En esta ocasión mi duelo no me volvió un zombie, pues al ser yo el único apoyo de mis padres prácticamente me lo pasé en un dos por tres, en cuestión de unos meses, a raíz de esta experiencia de vida entendí más sobre el proceso de la muerte y perdí el temor a perder a mi familia o a mis seres queridos (aunque no quiere decir que esto no me importen), entendí que no es cuando yo quiera o como yo quiero que sea, que tengo que disfrutar y vivir cada día, minuto y segundo que vivo con las personas que se encuentran a mi alrededor porque todos tenemos una marca en la línea de vida y no sabemos cuando llegue a su final. Aprendí a despedirme de ellos, a realizar mi proceso de soltar, hablar claro de la muerte con todas sus letras, a guardar y atesorar las enseñanzas que las personas dejaron y están dejando en mi vida, a expresar mis sentimientos, a ayudar, ser mucho más empática, a seguir escribiendo y compartir el legado que quiero dejar en cada una de las personas que se encuentra  en mi entorno y como quiero trascender dejando huellas positivas.

La muerte me ha enseñado la posibilidad de saber que la vida es muy valiosa, por lo que tengo que darle un lugar a la belleza y a la felicidad, a la plenitud completa de mi ser. Estar consciente de que la belleza y la felicidad no se encuentran, se construyen trabajando en mi yo interno día a día. A no dejar de maravillarme con la vida, a sorprenderme de las cosas simples, a saber qué problemas son los realmente graves, qué cosas son las que no tienen solución. Me ha enseñado a ser una mejor persona muy por encima de las personas que me tope en el camino, a no perder mi objetivo de vista, a ser agradecida, sobre todo esto.

Aprendí que nadie sabe más del dolor que la persona que lo está viviendo, que nadie más lo podemos comprender porque es individual, se experimenta y atraviesa de manera personal, aprendí a acompañar en silencio a mí misma y a las personas a mi alrededor, aprendí a preguntar ¿Cómo estás? y a detenerme a escuchar la respuesta, aprendí que puedo ser un rayo de luz para otros y que pueden ser ellos también un rayo de luz para mí.



Hasta la próxima. Gracias por leer.